| |
En la Bahía de la Habana, hay una lancha que te lleva de lo que es la Avenida del Puerto a un pueblito llamado Casa Blanca. Tomas esa lanchita y en 5 minutos estás allí.
Mi amigo Rolando quiso celebrar su fiesta de cumpleaños en su casa y por eso alrededor de las 6 de la tarde todos sus amigos fuimos llegando.
En fin para que contarles, allí había tíos de todos los tipos: altos y bajitos, trigueños y rubios, etcetera, etcetera, etcetera.
Cuando entramos en confianza todos andaban sin camisa y esto calentaba más aquella noche de verano.
Hablábamos de gustos, de sexo y a mi se me ocurrió hacer una broma y dije: a mi ni me gustan los machos que tengan la polla ni muy chiquita ni muy grande. Bueno, muy chiquita ya saben, ni se sienten y muy grande son un fracaso. Cada vez que me he acostado con un tío de polla grandona me he quedado defraudado. Les cuesta trabajo entrar en erección y lo peor de todo, cuando mas embullado estás, aquello se viene abajo y se acabó la fiesta. Todo un fracaso.
El chiste provocó la risa y firmó mi sentencia aquella noche.
De pronto empezó a llover, se escuchaban los truenos y no era conveniente tomar la lanchita para regresar a mi casa y mi amigo Rolando me invitó a quedarme a dormir esa noche en su casa.
Como a las 12 de la noche me metí en la cama, me quedé en calzoncillo y sin camisa y me tapé con una sábana.
A los pocos minutos, Rolando me dijo que producto del mal tiempo también se quedaría a dormir esa noche en su casa Ramón.
Durante la fiesta ya nos habíamos conocido, Ramón entró en la habitación, vi como se desnudaba y él si se quedó totalmente desnudo. En ese momento pude ver su tremenda polla.
Se sentó por el otro lado de la cama y se acostó a mi lado aquel macho alfa, trigueño, de barba cerrada, velludo. Como para enloquecer a cualquiera, pero con una tremenda polla que daba miedo no, lo otro: terror. Como para salir corriendo de allí.
A los pocos minutos me pidió compartir la sábana para taparse también. Ahora estaba a su lado, podía sentir su delicioso olor a macho, su respiración me estremecía, cuando me pidió permiso para acercarse y sentir mi calor, pues tenía un poco de frío.
Era una escusa para pegar su pecho velludo a mi espalda. Esa sensación de sentir un pecho velludo a mi espalda me derrumbaba.
El me dijo que no me preocupara, que él tenía un buen paquete, pero como yo decía era inofensivo, le costaba mucho trabajo despertarlo y lo peor cuando casi estaba empezando se cansaba y se iba a dormir. En fin me confesaba que era un desgraciado, pues casi nunca podía follarse a nadie.
Y en ese momento una de sus manos acarició mi cuerpo y vino a darme un abrazo y comenzó a acariciar mi pecho.
Yo estaba de espaldas a él, él pegaba su cuerpo al mío y empecé a sentir como aquella tremenda polla comenzaba a querer lujuriosa acariciar mis nalgas.
Comenzó a darme lengua en la nuca mientras me quitaba el calzoncillo.
Estaba perdido, aquella polla estaba más dura que un palo y mi broma me iba a provocar un escarmiento inolvidable.
Como lubricante utilizó su saliva, una y otra vez con su saliva fue lubricando mi culo, me introducía primero un dedo, luego dos y pronto sentí que me presentaba la cabeza de su polla y poco a poco me iba penetrando. Sus fuertes brazos retenían mi cintura. Yo sentía que me tenían clavado, nunca había sentido una polla tan grande dentro de mi.
Cuando de pronto Ramón me dijo: Voy a ponerte boca abajo, porque así no te la puedo meter completa.
Yo me sorprendí y pronto me volvió a decir: Abre bien las patas cojones.
Abrí mis piernas como me lo ordenó.
Pero a él le pareció poco y me exigió que las abriera más. Lo obedecí y en ese momento sentí que iba a explotar. Me daban deseos de gritar y él me exigió que hiciera silencio, que me la iba a dejar unos instantes dentro sin movimiento para que me acostumbrara.
A los pocos instantes me pidió que apretara el culo mientras él me la sacó completamente. No me dio tregua, la ensalivó un poco y de nuevo me la volvió a clavar hasta el tope. Esta operación la repitió varias veces hasta que comenzó a penetrarme con facilidad.
Entonces me dijo: Tienes muy buena capacidad, me gusta mucho tu culito, vas a ver como te lo voy a dejar y en ese momento se puso burro y comenzó a embestirme cada vez con más intensidad.
Yo no podía hacer otra cosa que dejar que me follara aquel macho alfa, sus manos estaban cerca de mi boca y empecé a darle lengua mientras él destrozaba mi culo.
No puedo decir cuanto tiempo duro aquello, me pareció una eternidad, en un momento sentí sus exclamaciones de placer, estaba cerca el momento de correrse, yo también me estaba corriendo, cuando sentí en mi interior los latigazos de su leche caliente dentro de mi.
Luego vino la paz y poco a poco extrajo su aparato de mi interior y nos quedamos abrazados y extenuados, nos dormimos.
El sueño fue muy placentero y de pronto sentí que estaba intentando penetrarme de nuevo y casi que al entrar en mi de nuevo me desperté, veía por la ventana la luz del amanecer mientras Ramón comenzaba a follarme de nuevo.
Cuando comenzó de nuevo a ponerse burro sentí como estaba levantando mi cintura de la cama, cuando continuaba embistiéndome rítmicamente, cuando sentí como me volteaba y me dejaba sentado y clavado sobre él. Me exigió que me moviera para que viera su rostro, cogió mis piernas, las estiró y sentí que su tremenda polla me entraba hasta lo más profundo.
Nunca me habían echo eso, él se sonreía y me decía: Como voy a dejar de sentarte en el trono. Subía su cadera y su polla me entraba más. Con sus manos me apretaba las tetillas y volvía una y otra vez a subir su cadera y provocar aquella penetración profunda enloquecedora. Me pedía que lo besara en la boca, me daba un beso de lengua profunda y de nuevo sus cadera arriba y yo a la gloria.
A final este juego resultaba interminable, pues esta posición le permitía durar mucho más tiempo sin correrse.
Finalmente, me cambió de posición, me puso de pie con mi pecho sobre la cama y comenzó a penetrarme a ritmo acelerado. Todo mi cuerpo temblaba, yo sentía como mi macho me disfrutaba, pero estaba desesperado por escuchar sus exclamaciones de placer que anunciaban su segunda eyaculación dentro de mi.
Esta vez el se corrió primero y cuando había disfrutado de su placer, me la dejó dentro y comenzó a masturbarme hasta que acabé corriéndome también.
Finalmente nos vestimos y antes de salir de casa de nuestro amigo Rolando, Ramón me abrazó y me pregunto que tal la había pasado con él. ¿Que si mi broma con las pollas grandes no me había servido de escarmiento?
Yo le confesé que si, que jamás volvería a hacer esa broma.
Yo le pregunté: ¿Entonces te he gustado lo suficiente?
El me respondió: De verdad que todavía no puedo decirte cuanto me has gustado, para poder decírtelo necesito probarlo muchas veces, por eso esta noche te espero en mi casa a las 8 de la noche para repetir y poder decirte con sinceridad si me ha gustado, porque yo te propongo un compromiso de que todo lo mío sea tuyo y que todo lo tuyo sea mío. |
|