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Nunca me ha gustado tener relación con un militar, pero aquel tío tenía algo muy especial que me atraía.
En varias ocasiones me lo encontré en la misma parada del Parque Central, no podía contenerme, cuando me lo encontraba lo miraba, pero estaba al tanto de que él no se percatara.
Cuando su vista se dirigía hacia donde yo estaba, de inmediato yo cambiaba la vista y todo quedaba así.
En la Habana, en aquellos tiempos la homosexualidad era perseguida y entrar en contacto con nada menos que un policía era realmente peligroso.
En ocasiones yo lo miraba y cuando él miraba hacia donde yo estaba, yo cambiaba mi vista y al poco rato, yo volvía a mirarlo. Aquel día el volvió a mirarme, yo cambie la vista, eso ocurrió varias veces. Por lo que él se percató de que yo lo miraba con insistencia.
De repente, comenzó a caminar hacia mí. Yo me quedé petrificado. Cuando estuvo frente a mi me preguntó autoritariamente:
- ¿Ciudadano, se puede saber por que razón usted me mira con tanta insistencia? ¿Se le perdió alguno igual que yo?
Yo me quedé petrificado, no podía articular palabra.
De nuevo me preguntó:
- ¿En que anda usted?
Me daban deseos de salir corriendo, pero salir huyendo de un policía era peligroso.
En ese momento me dijo:
- cuando esté hablando conmigo no fume, me ordenó.
De inmediato yo lancé el cigarro al piso.
y de nuevo me requirió:
- Como va a tirar el cigarro al piso. Mire recójalo, apáguelo y tírelo en el latón de basura.
Lo obedecí inmediatamente. Sentía que estaba en un serio problema.
El policía me miraba y continuaba con su interrogatorio. Estaba claro que yo estaba muy nervioso y no podía responder a sus preguntas.
Al final, no soporté su interrogatorio y confesé que la razón por la que yo lo miraba era que tenía el aspecto masculino que a mi me gustaría tener, que era trigueño, de barba cerrada y velludo. Y que desgraciadamente yo no era así.
El policía se sonrió levemente, me miró de arriba abajo y dijo:
- Con que esas tenemos. Bueno, vamos a caminar un poco que tenemos que conversar sobre estas cosas, que yo realmente no me creo.
Caminamos varias calles y cuando llegamos a un portal el me dijo que ya había terminado su servicio y que iba a entrar a su casa a cambiarse por ropa de civil. Que si quería lo podía esperar en la acera, aunque si lo deseaba podía entrar con él a su casa.
Yo acepté entrar a su casa.
Era un caluroso día de verano. Entramos a su casa, me invitó a sentarme en el sofá del salón y con forma muy tranquila se quitó la camisa y yo quedé petrificado, era un macho precioso, me volvía loco, pero yo era incapaz de tocarlo por nada de la vida.
Luego se quitó el pantalón y ahora estaba ante mi en calzoncillos. Se paró frente a mi, me miró seriamente, mientras su mano acariciaba su velludo pecho. Me miró fijamente y se miró a su polla y me dijo:
- Ahora que me ves así, ¿Te sigo gustando? A mi me gusta mucho que me acaricien el pecho.
Cada vez estaba más nervioso, yo no sabía que hacer ni que decir. Tomó una de mis manos y me la llevó a su pecho.
Comencé a acariciarlo como me lo había pedido. Mis dos manos comenzaron a recrearse en caricias en su pecho velludo. Mis ojos se me iban hacia su polla que se estaba poniendo dura y se veía que la tenía bastante grande, como para salir corriendo.
No pude contenerme, con una mano entré en su calzoncillo y comencé a acariciar su polla. Y pronto le había quitado su calzoncillo y de rodillas ante aquel macho comencé a acariciar con mi lengua su polla. Le daba lengua desde la base hasta la cabeza, cuando de repente sentí que su mano empujaba mi cabeza hacia su polla y me la metía en la boca, mientras me decía:
- chúpamela, chúpamela, chúpamela ...
Sentía sus expresiones de placer, por lo que continué chupándosela enloquecidamente, sus manos acariciaban mi cabeza y eso me daba más deseos de chupársela con más intensidad.
De repente me sacó la polla de la boca y me dijo en tono serio:- ¿Por que me faltas el respeto? ¿Que esperas para desnudarte ante mí? A mi también me gusta verte desnudo y que me llames Papito.
Comencé a quitarme la ropa, él también me la quitaba. Cuando me tuvo desnudo frente a él, me apretó las nalgas con fuerza, restregándome su pecho velludo y sudado contra el mío. Tenía un olor a macho delicioso.
Comenzó a darme un profundos beso con lengua, su barba me rosaba los labios, mientras me iba conduciendo hacia la habitación que tenía una lámpara de noche encendida con un bombillo rojo, que le daba más morbo a nuestros disfrutes.
Me empujó hacia la cama y calló sobre mi dándome lengua por el cuello, pronto sentí como introducía un dedo en mi ano, me estaba lubricando, también se lubricó su polla y pronto me estaba colimando el ano. Me sobaba el ano pero no me penetraba, en ese momento me dijo:
- Se obediente, bésame.
Me acerque a su boca para besarlo, mientras sentía como entraba su tremenda polla por mi culo. Me quedé sobresaltado.
Me la metió de golpe hasta el tope. Le dije que tuviera cuidado, que la tenía muy grande y el de forma dominate me dijo:
- Abre bien las patas que te voy a dar una follada que te va a dejar el culo ardiendo por una semana.
Luego me la sacó lentamente, se volvió a lubricar su polla y de nuevo me la volvió a meter. Esta vez sentí que me entraba más fácilmente, pero de todas formas no me era fácil soportar aquel rabo en mis entrañas. Me la dejó tranquila unos segundos y de nuevo me la sacó lentamente. Yo sentía que todo mi cuerpo se estremecía.
De nuevo se la volvió a lubricar y yo sentía que cada vez me entraba más fácil. Repitió el mismo proceso varias veces, hasta que empecé a sentir algo por primera vez en mi vida, yo también estaba gozando cada vez que me la metía y me la sacaba.
Ahí comenzó a follarme, me la metía y me la sacaba una y otra vez. Le encantaba sacármela completamente y de nuevo metérmela hasta el tope, mientras su boca se encargaba de tener a la mía con su lengua adentro.
Aquel macho cada vez se ponía más burro. Me tenía enloquecido, su sudor mojaba todo mi cuerpo, de pronto me metió la polla hasta el tope y me dijo: - abre la boca.
Lo obedecí y de inmediato escupió dentro de mi boca y de nuevo continuo besándome de forma enloquecida.
Me follaba metiéndome y sacándome la polla completamente, de repente comencé a sentir que se me salía la leche, me estaba corriendo, mientras que él aumentaba el ritmo de sus embestidas y también sentí sus expresiones de máximo placer cuando su chorro de leche caliente entró en mi esfínter. Finalmente quedamos abrazados y poco a poco me fue sacando su polla de mi culo. Nos levantamos de la cama, fuimos al baño y él no me dejó sentarme en la taza para defecar, me mantuvo de pie, abrazado hacia él.
Yo constantemente expulsaba gases, pero él me continuaba abrazando y acariciándome, continuaba dándome lengua en el cuello y de pronto empecé a sentir como su polla se empezaba a endurecer. Me metió en la ducha, comenzamos a enjabonarnos y de repente me puso de espaldas a él y me volvió a penetrar.
Me dijo: - Tienes un culito muy sabroso y me he quedado con ganas de volverte a follar.
Y comenzó de nuevo a darme rabo sin piedad. Aquello era interminable, porque como ya se había corrido en la cama, ahora se demoraba más en eyacular.
Mis piernas me temblaban y el continuaba disfrutando de mi culo. Aquello era interminable. Ambos estábamos enjabonados, yo tenía temor a resbalarme y me aguantaba de la llave del baño mientras él continuaba disfrutando de mi culo.
Cuando al fin se volvió a correr, terminamos de ducharnos, nos fuimos secando uno al otro y caímos de nuevo en la cama abrazados y nos quedamos dormidos.
Me quedé dormido plácidamente al lado de aquel ejemplar fantástico, dormí abrazado a él y de repente me fui despertando mientras amanecía. Al despertar pensé que lo que había pasado la noche anterior solo era un sueño, pero de repente sentí el olor de aquel macho que estaba abrazando y comencé a acariciar su hermoso pecho velludo.
Mis caricias tenían la intención de que al despertar estuviera empalmado, increíblemente deseaba sentirme de nuevo penetrado por su tremenda polla y nada mejor para empalmarlo que empezar a darle lengua por su polla dormida. Mi lengua la fue acariciando y pronto comenzó a despertarse, por lo que empecé a mamarla con lujuria.
Pronto sentí que Roberto estaba despierto, con una de sus manos provocaba que su polla entrara en mi boca muy profundamente, tuve arqueadas, él me permitió sacarme un poco la polla de la boca, pero de nuevo, sin darme la oportunidad de tomar un poco de aire empujó mi cabeza para de nuevo meterme la polla en la boca y provocarme arqueadas otra vez. Se me salían las lágrimas y él continuaba metiendo su polla en mi boca profundamente.
Se pronto me sacó la polla de la boca y me puso en la capa boca abajo, pensé que me iba a penetrar de nuevo, pero lo que sentí me estremeció y me escapé desesperado. Me había comenzado a dar un beso negro que me había hecho sentir que explotaba.
Pero pronto sentí que él controlaba la situación de nuevo, tenía su cuerpo sobre mi y no me había percatado que ahora no tenía posibilidades de escapar, estaba sobre mí pero su cabeza estaba entre mis nalgas y sus brazos estaban sujetando a mis piernas. Ahora no me podría escapar. Me pidió entonces que abriera mis piernas, que quería darme un beso en el culo que ayer me había follado. Yo estaba desesperado, me aterraba volver a sentir la explosión que hace unos minutos me había echo estallar.
El me repitió que le gustaba que fuera obediente y le abriera las piernas para el darme un beso en mi culo. Como no fui capaz de obedecer, él me las abrió con sus fuertes brazos y comenzó a lamerme el culo con lujuria. Mis exclamaciones eran salvajes, nunca pensé que podía sentir tanta sensación. Cuando le salió de los cojones terminó de darme aquel interminable beso negro y me quedé sin fuerzas, mi respiración era entre cortada. Pero aquello no había acabado, de nuevo sentí que Roberto me estaba penetrando y comenzó a follarme de la misma forma que lo había echo la noche anterior. Más de pronto sentí que me introducía su polla unos pocos centímetros y la volvía a sacar. Poco a poco empecé a sentir un escalofriante placer. Estaba enloqueciendo, nunca me habían follado de esa manera, al solo penetrarme unos centímetros me estaba solo rozando la próstata y me estaba dando un masaje prostático. Sentí como me empezaba a correr lentamente, comencé a sentir un placer indescriptible, lo único que pude hacer fue comenzar a lamerle una de sus manos que estaba cerca de mi cabeza. Cuando empecé a hacer las exclamaciones de que me estaba corriendo, él comenzó a penetrarme profundamente a un ritmo salvaje y yo sentí por su chorro de leche caliente que entraba en mi ano mientras él no dejaba de hacer sus exclamaciones de placer.
Nos quedamos sudados y abrazados y finalmente nos lavamos un poco, nos vestimos y nos dispusimos a salir a la calle, pero antes me puso frente a él y me dijo:
- Me ha encantado la noche que hemos pasado, espero que se repita muchas veces, por eso quiero que estés en mi casa al atardecer. Dentro de mi casa me debes decir Papito, pero en la calle me debes tratar con respecto, recuerda que soy un militar y lo que hoy hemos hecho tiene que ser guardado en secreto. Cuando nos veamos en la calle me tratas como al Teniente Roberto, a tus amigos les dices que fui tu jefe en el Servicio Militar y nada más. Recuerda que si alguien se enterara de nuestra relación podríamos tener graves problemas los dos. |
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