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Al salir de la casa de Roberto me dirigí a la Universidad, ese día tuve 6 horas de clases y de verdad que no me podía concentrar. Cuatro en la mañana y dos por la tarde. No veía cuando acabarían las clases. De verdad que no podía prestar atención a mis profesores, por mi cabeza solo pasaban las cosas que había vivido la noche anterior.
Mi primera conversación con él, mi sorpresa al llevarme a su casa, cuando comenzó a desnudarse con la escusa de que se iba a cambiar de ropa para salir vestido de civil conmigo. Mi sorpresa cuando vi a aquel macho en calzoncillos delante de mi.
Siempre pensé que un hombre tan masculino no podía ser homosexual, pero cuando vi como se le marcaba el paquete me daban deseos de mandarme a correr.
En varias ocasiones sentí el deseo de marcharme del aula y dirigirme a casa del Teniente, pero no lo hice porque sabía que estaba de servicio y no me lo iba a encontrar, pues él me dijo que llegaría alrededor de las 6 de la tarde.
Al fin terminaron las clases y salí directo hacia su casa. Subí las escaleras tembloroso, cuando llegué a su puerta toqué el timbre, el tiempo que se demoró en abril la puerta me pareció interminable, al fin pude verlo de nuevo, me recibió con un pantalón corto, no tenía puesta camisa.
Sentí lujuria por acariciarlo, por olerlo, me tenía enloquecido.
Lo primero que me dijo fue:
- Cuando entres en mi casa lo primero que tienes que hacer es desnudarte, no esperes a que te lo diga, se obediente!
Rápidamente comencé a desnudarme, me desabroché la camisa, cuando me desabroché el pantalón, él se me acercó a mi y sin darme tiempo a más, terminó de quitarme la camisa y comenzó a darme lengua por las tetillas. Las tenía adoloridas, por la lujuria con que me las había chupado el día anterior.
Le pedí que tuviera cuidado, que las tenía lastimadas.
Pero él me dijo:
- No están lastimadas, te las tengo maduritas y vas a ver lo que se siente cuando te las vuelva a chupar.
No me dió tregua, comenzó a chupármelas con la misma lujuria que el día anterior, al principio me lo sentía en los mismos cojones, pero pronto me volví a sentir dominado por mi macho.
Luego continuó con un beso de lengua profundo, me faltaba el aire, sentía como su barba me raspaba los labios. Cuando sacó su lengua de mi boca continuó dándome lengua por el cuello. Lo único que yo atinaba era a acariciar su pecho velludo e incluso acariciar su polla con una de mis manos.
No tardó mucho en decirme al oído:
- Vamos, que te voy a bañar.
Mientras abrazado contra su pecho me llevó hacia la ducha.
Non metimos en la bañadera y comenzamos a mojarnos todo el cuerpo, yo tomé el jabón en mis manos y comencé a frotarlo en su pecho velludo. De inmediato se formaba la espuma y yo me enloquecía frotando todo su pecho. No dudé mucho y me dediqué a enjabonarle su polla y sus huevos. Incluso le di jabón por todas sus piernas.
Roberto tenía su polla dura y entonces comenzó a darme jabón a mi por todo el cuerpo. Donde más se estaba dedicando era en enjabonar mis nalgas. Frotaba sus dedos por mi culo y comenzó a introducirlos en él. Estábamos de frente uno al otro, cuando él decidió ponerme de espaldas a él.
Yo sabía lo que se avecinaba, estaba al borde de clavarme de nuevo y así mismo fue. Poco a poco fue presentando la cabeza de su polla en mi esfínter. Me iba penetrando poco a poco, lo hacía lentamente pero cada vez entraba más.
El ritmo de sus embestidas aumentaba cada vez más.
En ese momento me dijo:
- Pon un pie en el borde de la bañadera para que la polla te entre a más profundidad.
Lo obedecí, sentía como que iba a explotar. Me aguantaba con desespero a las llaves de la ducha para no caerme.
Sin sacármela comenzó a abrir la ducha y me fue retirando el jabón de mi cuerpo y el suyo. Finalmente me la sacó y nos secamos.
Pero de nuevo volvió a clavarme su rabo y me fue llevando de esa forma hasta la cama de la habitación.
Me puso en su borde y vi que tenía un espejo en el piso.
Me dijo:
- Sube un pie en la cama, quiero que veas con tus propios ojos lo que estoy haciendo con tu culo.
Cuando miré al espejo, me quedé sin palabras. Ahora podía ver lo que estaba sintiendo. Veía como su tremenda polla buscaba la entrada de mi culo y como poco a poco aquel aparato lo perforaba. Luego cuando me lo sacaba lentamente, veía como mi culo se quedaba abierto como esperando ser de nuevo perforado.
La cabeza de su polla buscaba le entrada de mi culo. Pero a veces no la encontraba pronto, él apretaba con más fuerza con un movimiento de su cadera y en ese instante su polla encontraba el camino y entraba en mi culo como un disparo que me estremecía.
Estuvo un buen rato haciendo esa penetración donde yo estaba viendo lo que estaba sintiendo.
Pero de pronto él se cansó y me dijo:
- súbete a la cama coño que te quiero dar una buena follada.
Yo no sabía lo que me podía esperar más, pues una buena follada me estaba dando.
Me puso en 4 patas sobre la cama y comenzó a follarme de forma lujuriosa. El ritmo de las embestidas era salvaje, a veces me la sacaba completamente, presentaba la cabeza de la polla en mi culo y con un fuerte golpe de cadera me la clavaba a tope sin piedad.
De repente sentí como que nos estábamos cayendo de la cama, me asusté pero en realidad él lo estaba provocando, pues dimos una voltereta y él quedó en la cama boca arriba y yo me quedé sentado sobre su polla.
El me dijo:
- Vira hacia mi sin sacártela. Quiero ver la cara que pones.
De inmediato lo obedecí, él estiró mis piernas hacia él y yo quedé sentado frente a él con su polla calvada en mi esfínter. Nunca había sentido una cosa así. Sentía como que me iba a sacar su polla por la boca. No podía haber algo más grande que esto.
Pero pronto me percaté que estaba equivocado. Porque empezó a subir su cadera y entonces si que la sentía con más profundidad, pues la base del tronco de su polla era más gorda y sentía que me abría cada vez más el culo.
El muy cabrón vi como ponía una almohada por debajo de su cadera y ahora siempre tenía su polla clavada a tope. Esto no tenía fin. Estaba acabando con mi culo.
Entonces me dijo:
- Solo te voy a subir al trono 10 veces y comenzó a contar uno y subía su cadera, dos y la volvía a subir.
Yo estaba desesperado, mientras él continuaba su conteo, tres, cuatro, cinco. Me dejó descansar unos instantes y luego comenzó con cinco. Yo le dije que ese no era el cinco sino el seis. Ahí tuvimos una discusión y entonces él me dijo que por mi culpa había perdido la cuenta por donde iba y que tenía que volver a empezar.
Nada me subió al trono todas las veces que le salió de sus santos cojones.
Finalmente, me puso boca abajo en la cama y me dio polla con lujuria hasta que al fin sentí sus exclamaciones de placer.
Mi macho se estaba corriendo.
Quedamos extenuados, nos aseamos un poco y nos metimos en la cama y abrazados nos quedamos dormidos.
Para que les cuento, de repente he tenido el despertar más espectacular de mi vida, cuando siento que Roberto me la estaba metiendo de nuevo, entre sueños comencé a sentir como introducía su miembro viril por mi recto. Poco a poco me fui despertando, este macho no tenía para cuando acabar. Poca leche le podía quedar en sus huevos, así que sabía que se iba a demorar en correrse.
Entre medio dormido sentí como me decía:
- Abre bien las patas cojones, para metértela bien.
Abrí mis piernas lo más que pude y lo único que se me ocurrió fue comenzar a darle lengua en una de sus manos, mientras sentía como me bañaba con su sudor que tanto me gustaba.
Usó su técnica de meterme la polla varias veces unos pocos centímetros, eso me enloquecía y de nuevo me clava su aparato hasta el tope. De esa forma empecé a sentir que estaba al borde de sacarme la leche, comencé a exclamar de placer, por lo que él se viró un poco para que su mano estuviera cerca de mi polla. Estaba esperando que me corriera y cuando comencé a eyacular sentí que su mano estaba sobre mi polla recogiendo la leche y comenzó a masturbarme.
Yo pensé que me iba a volver loco. Me dejaba unos segundos mi polla libre y de nuevo me la volvía a coger. La tenía muy sensible, no lo podía soportar, le suplicaba de que parara, pero de nada valía, se detenía unos instantes y de nuevo volvía a frotar mi polla sensible.
Estaba al borde del desmayo cuando al fin se decidió a soltarme y de nuevo con la mayor lujuria se lanzó a embestirme hasta soltar su chorro de leche en el culo.
Ese día era sábado, como no tenía clases, estuvimos conversando sobre nuestras vidas. Me contó que se había divorciado porque él es un hombre de mucha testosterona. que necesitaba follar frecuentemente y que ella siempre estaba buscando un pretest para evadirlo. Por eso al fin la mandó para el carajo y se percató que con un gay las cosas le irían mejor.
Cuando me disponía a marcharme él me lo impidió y me dijo que él tampoco tenía trabajo y que nos quedaríamos juntos a pasar ese fin de semana. |
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