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Yo estaba fregando los platos en la cocina, cundo de pronto viene otro inquilino, quería tomar café, necesitaba alcanzar una taza, se acercó por detrás de mí y de pronto sentí como algo me electrizaba, al ir a coger la taza, sentí que su pecho velludo desnudo se acercaba por mi espalda, incluso como sudaba me la dejó mojada, tomó la famosa tacita en sus manos, se sirvió el dichoso café de marras y mientras lo disfrutaba no pude contener a mis ojos que fueron a ver por debajo de su cintura como aquel paquete estaba que explotaba.
Así empezó mi estancia en aquel lugar cuando comencé a trabajar en una empresa de Santander.
No mediamos palabra alguna entre los dos. En realidad nos conocíamos muy poco, recién había alquilado una habitación en un piso de un particular que tenía 3 habitaciones. Pero ahora empezaron a pasar por mi mente muchas ideas eróticas. Yo tenía un principio con respecto a mi homosexualidad: Donde se come no se caga! Y eso de ponerme a follar con gentes de mi entorno de trabajo o vivienda para mí no era muy apetecible y trataba de evitarlo siempre.
Pero el incidente me dejó marcado, Sergio que así se llamaba era fontanero, tenía esa musculatura que le da a los hombres el trabajo, era velludo, moreno y de barba cerrada y afeitada. Todo un macho Ibérico.
Más tarde conocí al otro compañero de piso, su nombre era Carlos, de profesión camionero y también pertenecía a la colección de machos Ibéricos que me desquicia. Por amor a Dios, ¿Dónde estaba metido?
Pero como les decía, por ser mis nuevos vecinos, para mi eran sagrados y no pretendía ni el menor chiste sexual con ellos.
Por la noche, ya tarde vino Carlos con una visita, nos saludó muy amable y se metieron en su habitación y cerraron la puerta.
Bueno, bueno, bueno!
Parece que a un bendito lugar había ido a parar.
Me fui a mi habitación y me puse a trabajar en mi ordenador. Pronto pude sentir los sonidos del sexo, no había dudas Carlos se estaba follando al visitante, escuchaba sonidos de tanta lujuria que para tranquilizarme no tuve mejor remedio que masturbarme. A la mañana siguiente no pude ver a ninguno de mis nuevos vecinos, pues marché a mi trabajo temprano.
De regreso por la tarde, me encuentro a estos dos señores sentados en la mesa de la cocina, conversaban sobre las cosas del día a día. Mi llegada les hizo parar su conversación. Yo entré los saludé con cortesía, sentí que entre ellos intercambiaban sonrisas cómplices y me fui a mi habitación, cerré la puerta y como uno siempre está con esas tonterías en la cabeza, pensé que a lo mejor no se referían a mí. Más tarde, salí de mi habitación, me fui a darme una ducha y luego regresé a mi habitación, ellos aprovecharon ese momento para presentarse y así fue como empezamos a entrar en confianza.
De nuevo, esa noche Carlos trajo al visitante de anoche, intercambio de saludos como ayer y de nuevo a su habitación y a la fiesta.
Si, eso fue lo que me dijo Sergio cuando ellos desaparecieron de nuestras vistas. Luego seguimos conversando sobre cosas de poca monta, yo le dije que me iba a poner a trabajar un poco y él que se retiraba a su habitación a ver una película en la Tele. Me invitó a pasar a su cuarto, mientras apretaba con su mano uno de mis hombros.
Finalmente me dijo: No temas, no vamos a hacer una Fiesta como Carlos, por lo menos por ahora y luego empezó a reírse como si de un chiste se tratara, pero lo cierto era que me la había dejado caer y fuerte. Yo también lo tomé como broma y claro que ni de coña entraría en su habitación, porque ya estaba claro por donde iban los tiros en aquel lugar.
Así fueron pasando los primeros días y fuimos entrando en confianza. Cuando llegábamos a la casa, después del baño andábamos sin camisa y los primeros días en pantalones cortos, pero a la semana ellos ya no se andaban con miramiento y andaban en calzoncillos por todo el piso y ya yo sabía la clase de paquete que marcaban ambos.
Las invitaciones de Sergio a disfrutar de su Tele fueron varias y al fin resbalé y un día lo acepté.
Era viernes por la noche vimos una película. Sergio acostado en su cama, tapado con una sábana que a pesar de yo saber que estaba en calzoncillos, esa posición parecía que estaba desnudo. Yo estaba sentado en una butaca a su lado. Incluso me dijo que si lo deseaba me podía acostar a su lado, pero yo rehusé.
Finalmente, me dijo que iba al baño a orinar y ahí pude ver que estaba empalmado a tope. Me puse nervioso, porque pensé que se había percatado de que yo había visto su polla empalmada como si quisiera romper el calzoncillo. Me quedé petrificado en su habitación y a su regreso volvió a acariciarme el hombro con su mano.
No retiró su mano de mi hombro cuando me dijo: Te noto nervioso y su mano continuó sobre mi hombro, pero poco a poco me lo estaba acariciando. Comencé a respirar entrecortado, incluso notó en mí un poco de temblor, lo que fue la señal suficiente para continuar su ataque. En ese momento se sentían los sonidos del sexo que Carlos estaba practicando en la habitación contigua.
Ese ambiente lo aprovechó Sergio para pegar su rabo a mi cuerpo y yo no pude rechazarlo, porque me gustaba mucho. Me levantó del asiento, me puso frente a él y comenzó a darme un beso en la boca. Yo resoplé de placer y entonces el beso se convirtió en un beso de lengua profunda, era inacabable, me quedaba sin respiración y aquello seguía. Luego con su lengua fue recorriendo mi cuello y pronto estaba dándome lengua a las orejas, mientras yo sentía que mis labios ardían del roce de su barba de un día que era como una lija.
Ya no me podía resistir más y comencé a acariciar su enloquecedor pecho velludo. En un instante cerró la puerta, apagó la luz de la habitación y pronto lo sentí en la oscuridad a mi lado. Pero ya se había quitado el calzoncillo estaba totalmente desnudo.
De nuevo comenzaron sus besos de lengua, mientras con sus manos iba bajando mi pantalón corto y pronto me tenía desnudo ante él. Yo me abrazaba a su pecho y sentía como su tremenda polla empalmada trataba de ponerse entre mis piernas, bueno ya también fui haciéndole lugar.
Me fue acercando a la cama y pronto caímos los dos sobre ella, él sobre mí. Sergio sabía excitar las partes erógenas de un hombre y no perdió tiempo en hacerlo y pronto me tenía a su disposición, podía hacer conmigo lo que quisiera y lo que tanto estaba deseando. Y no tardó en ir a por todas.
Estaba sobré mí, no me daba tregua, mientras me continuaba besando yo sentía que se estaba lubricando la polla y pronto también fue por mi ano. Sus dedos entraban en mi lleno de lubricante y pronto, presentó su polla en mi esfínter y me pidió que lo besara. Yo fui hacia él, mientras él aprovechaba y entraba en mí.
Sentí su polla grande como entraba, mis manos solo podía acariciar su espalda y pronto empezó el mete y saca. Pero no me la metía a tope, solo entraba unos centímetros y como apuntando a mi ombligo. Empecé a sentir un placer salvaje, lo hacía con toda intención pues estaba apretando mi próstata y eso me estaba enloqueciendo, era como si me fuera a sacar la leche. Me estremecía lodo el cuerpo, mis músculos se contraían ante cada embestida.
Deseaba que me penetrara completo, pero él seguía en sus trece. De verdad que no pude contener mis expresiones de placer hasta que él comenzó a correrse. Sentí el latigazo de su leche caliente que entraba en mis entrañas y como después del orgasmo su cuerpo se relajaba y quedábamos abrazados.
Bueno, relajado él, porque yo no pude correrme y me quedé caliente como una cafetera. Finalmente nos quedamos dormidos uno junto al otro y abrazados.
Pero esto no acabó aquí, poco antes del amanecer empecé a sentir que Sergio estaba empalmado de nuevo y buscaba de nuevo encularme, yo estaba medio dormido, más bien me desperté cuando sentí que me estaba penetrando y de nuevo sus caricias, sus forma de excitarme y de nuevo otra follada, esta vez sí me corrí y de nuevo me quedé dormido.Cuando nos levantamos era sábado, Carlos estaba desayunando en la mesa de la cocina y de forma un poco irónica me dijo: Parece que hoy te levantaste muy temprano, pues cuando me puse a preparar el desayuno vi que ya tenías tendida la cama. ¿O es que te fuiste a dormir a otro lugar?
No dije nada, porque en estos casos las palabras sobran. De seguro que él había escuchado los ruidos, pues no era tonto y sabía que estábamos en la misma acera. |
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