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Autor: Gabonice

 
 
 
 

Lo que tiene compartir piso (Continuación)

  A partir de ese día Sergio no dejaba de follarme todas las noches. Sergio sabía que su pecho velludo me enloquecía. Lo único que no me gustaba era la tremenda polla que se gastaba, cuando me penetraba yo sentía que me iba a explotar. Pero él se lubricaba el rabo una y otra vez con aceite de oliva y al tercer o cuarto intento yo sentía como su rabo entraba por mi culo como Pedro por su casa. En realidad el que entraba por su casa era Sergio. Sergio no tardó mucho tiempo en enseñar sus dotes de macho dominate, en la medida que fueron pasando los días, cada vez sentía como sus sugerencias se iban convirtiendo en órdenes, que yo acataba sin rechistar. Así me dejó claro que no quería que yo me masturbara cuando me estaba follando. Me dejó claro que podía correrme desde el momento en que me penetrara hasta que él se corriera en mis entrañas. Pero me prohibió terminantemente que me tocara el miembro con mis manos. Tenía que correrme con las caricias de su polla. Su penetración era muy excitante. Introducía su polla en mi ano solo unos centímetros y la volvía a sacar, eso producía un masaje de mi próstata que me enloquecía, sentía como casi me sacaba la leche y entonces venía la clavada completa y yo sentía como estaba a punto de sacarme su polla por mi boca. Pero tras cada penetración me sacaba su polla casi totalmente de mi ano y de nuevo me la volvía a meter hasta que yo sentía como restregaba sus huevos con mis nalgas. Cada dos o tres penetraciones me exigía que abriera bien las patas y sentía como me apretaba las nalgas con fuerza. Su lengua no dejaba de lamerme el cuello, eso me erizaba por completo y lo único que yo podía hacerle era darle lengua a sus manos que él apoyaba sobre el colchón y cerca de mi boca. Pero cuando se acercaba el momento de su eyaculación se ponía muy burro, aquello me acojonaba, el ritmo se sus penetraciones se aceleraba de tal forma que verdaderamente me asustaba, no solo me llenaba el culo con sus chorros de leche caliente, pues me mojaba totalmente la espalda con el sudor de su pecho velludo. Cuando comenzaban sus expresiones de placer exageradas yo sabía que se acercaba su orgasmo y luego llegaba el latigazo de leche caliente y comenzaba su relajamiento de placer, dejándome su polla un rato dentro de mi para sacármela poco a poco al final de su orgasmo. Si no me había podido correr me tenía que quedar con las ganas, pues me tenía prohibido terminantemente la masturbación. Tenía que esperar hasta la próxima vez que me follara. Esto hacía que me fuera llenando de leche hasta el cuello y que comenzara a desear con desespero a que me volviera a follar. Como Carlos era camionero, a veces faltaba varios días de la casa y en esos días Sergio me llevaba al baño y nos bañábamos juntos. Yo lo enjabonaba a él y él a mi. Nos mojábamos con la ducha y luego yo empezaba a enjabonarlo. Como es lógico yo comenzaba a frotar el jabón por su pecho velludo que tanto me gustaba, continuaba restregándole su vientre hasta que llegaba a su pene y sus huevos. En ese momento ya tenía el rabo duro como una escopeta pero yo continuaba enjabonado sus piernas. Cuando tenía a Sergio enjabonado, entonces el comenzaba a enjabonarme acariciando mi pecho y pronto estaba muy entretenido con mis nalgas, metías sus dedos enjabonado por mi ano poniéndome de espaldas a él y pronto ya tenía a su polla entrando por mi esfínter y comenzaba su exquisita follada. Pero eso no terminaba en la ducha, nos enjuagábamos, nos secábamos el uno al otro y de ahí a la cama y continuaba la follada diaria. Pero estaba por llegar algo que haría saltar todo por los cielos. Un día Carlos (el camionero) salió a trabajar en la carretera, estuvo varios días fuera de la casa y en esos días Sergio y yo nos bañábamos juntos y de ahí a la cama. Pero cuando estábamos en la fiesta del baño, sentimos que había llegado Carlos, nos había cogido en plena acción, la puerta del baño estaba abierta y nos vio follando. Nos saludó, nos dijo que venía muy cansado y que necesitaba bañarse y descansar. Pero de inmediato nos dijo: sigan en su cosa que yo me baño aquí sin molestar. Se quitó la ropa y se metió en la bañadera. En ese momento yo me vi entre dos machos preciosos, como Sergio me tenía clavado, ante mi tenía a Carlos desnudo y Sergio me dijo: se amable y ve enjabonando a Carlos que el pobre está muy cansado y necesita acostarse y descansar. Fui enjabonando el pecho de Carlos, luego bajé a su polla que estaba dura como un cañón. En eso Carlos le dijo a Sergio: déjame probar un poco ese culito para saber si es verdad que es tan sabroso como dices. Sergio no esperó ni un segundo, no contó conmigo para nada, me la sacó y me puso de espaldas a Carlos. Carlos no entró en mi esfínter con la delicadeza de Sergio. Carlos puso su polla entre mis nalgas y me la clavó de golpe hasta el mismo tronco. Por suerte Sergio me tenía bastante dilatado. Pero Carlos me embestía de forma acelerada, con sus fuertes manos me apretaba las tetillas y yo desesperado me aferraba a abrazarme a Sergio para no caerme en el baño. Cuando Carlos estaba casi al correrse, me la sacó y entonces entró de nuevo en acción Sergio. Ambos me intercambiaban para penetrarme mientras el otro se relajaba y alargaba el tiempo de su corrida. Finalmente nos empezamos a enjuagar, nos secamos los unos a los otros y medio mojados me llevaron a la cama. Aquello era interminable. Antes de penetrarme en la cama Carlos comenzó a chuparme las tetillas, luego continuó dándome lengua por el resto del pecho y finalmente comenzó a restregar su cara de varios días sin afeitarse por mi pecho, sentía como que estaba pasando un cepillo por mi pecho, aquello me estaba enloqueciendo. Finalmente me colimó el ano con la cabeza de su polla y me pidió que lo besara, al acercarme a su boca, comenzó a darme un beso con lengua mientras me metía su rabo hasta el tope. Mientras uno me penetraba, el otro me acariciaba y luego cuando estaba al borde de correrse me la sacaba y entraba en acción el otro. El primero que se corrió fue Carlos, por cada chorro de leche me daba una fuerte empotrada, hasta que al fin con sus expresiones de placer llegó la calma, me la sacó lentamente, pero en ese momento Sergio no esperó un instante y de nuevo me sentí penetrado. Aquello era inacabable. Sergio me follaba de lado, por lo que quedaba de frente a Carlos. Carlos no cesaba de acariciarme, mientras Sergio al fin llegaba a su esperado orgasmo. Sus fuertes expresiones de placer me hicieron sentir la alegría que dejarían mi culo descansar. Me habían echo un tremendo doblete, yo estaba muy agotado. Pero nada más lejos de la realidad. Carlos había estado varios días en la carretera y estaba lleno de leche hasta el mismo cuello, por lo que cuando Sergio terminó de follarme ya él estaba listo para entrar a la pelea de nuevo. Y lo hizo como si no me hubiera follado hace unos minutos. Presentó su polla entre mis nalgas y comenzó su follada salvaje de nuevo. No tenía el menor cuidado, cada embestida de Carlos era a polla completa, me la metía hasta la misma base de su rabo, que la tenía bastante gorda y de inmediato me la sacaba completa y de nuevo adentro y al tope. Lo hacía a un ritmo que me dejaba enloquecido. Pero de pronto, sin sacármela me fue poniendo en cuatro patas y sentí miedo porque me estaba cayendo. En realidad Carlos me estaba volteando y pronto me percaté que sin sacármela me tenía sentado sobre su polla. Me dijo que me diera la vuelta sin sacármela para verme la cara. Lo obedecí de inmediato. Carlos me puso las piernas por los lados de su cuerpo. Y por primera vez sentí que una polla me entraba tan profundamente. Pensaba que me iba a salir por la boca. Pero eso no fue todo, cuando Carlos subió su cadera, sentí que su polla me penetraba más profundamente, mientras Sergio le puso una almohada por debajo de sus caderas y ahora siempre estaba alto y empotrado en el trono. Subió su cadera varias veces, sentí que su polla me entraba de forma increíble. Cada vez que me subía con sus manos me apretaba las tetillas. Nunca me habían follado de una forma tan salvaje. Luego cambio de posición, puso un espejo al lado de la cama. Me mandó a poner un pie arriba de la cama, encendió las luces de la habitación y me dijo: quiero que veas como mi polla entra sale por tu culo. Yo se que lo estás sintiendo, pero quiero que lo veas. Cuando miré al piso pude ver como su tremenda polla entraba por mi culo, luego la sacaba y yo veía como mi culo se quedaba abierto esperando la próxima entrada de aquella tremenda polla. De esa forma me siguió follando hasta que al fin llegó a mis oídos las anheladas expresiones de placer que anunciaban la segunda corrida de Carlos. Cuando terminaron de follarme y me senté en el váter del baño, soltaba gases en cantidades increíbles. En ese momento Carlos le dijo a Sergio: Es verdad que Jorge tiene un culito muy sabroso y creo que es muy buena idea que formemos una Trijera. Yo pregunté: ¿Que es eso? ¿Entonces ustedes se pusieron de acuerdo sin contar conmigo? Y Sergio me explicó: Una Trijera es el compromiso de tres homosexuales. En este caso dos bujarrones y un pasivo. A partir de ahora todo lo nuestro es tuyo y todo lo tuyo es nuestro. Nosotros te podemos follar cuando nos salga de nuestros santos cojones. Yo exclamé: Pero van a destrozarme el culo. Carlos agregó: no te preocupes que también a nosotros nos gusta que nos la mames y que luego te tragues toda nuestra leche. Yo me acerqué a los dos y les di mi consentimiento con un fuerte abrazo. Antes de terminar Sergio me dijo muy serio: Cada vez que te demos una enculada o te pongamos a mamar y alimentarte de nuestra leche, debes ser respetuoso y venir y darnos un beso a nuestro huevos. Esto lo vamos a empezar ahora mismo: Muy obedientemente me puse de rodillas ante Sergio y le di un beso a cada uno de sus huevos y luego acaricié a ambos testículos con mi lengua. Vi en el rostro de Sergio la cara de placer y ya Carlos estaba frente a mi para que le diera el beso de agradecimiento a sus santos huevos.  
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