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Autor: Gabonice

 
 
 
 

Mi vecino heterosexual

  Recientemente se mudó para al lado de mi casa un matrimonio. Las terrazas de las dos viviendas son contiguas, así que en muchas ocasiones nos vemos y como es lógico nos saludamos. Como estamos en verano hace calor y mi vecino con frecuencia se sienta en su terraza sin camisa y con pantalones cortos y de verdad que me provoca una gran tentación mirarlo pues es de esos tíos que cumplen los 5 puntos de cualquier inspección, para mi gusto. Es trigueño, de barba cerrada con esas patillas anchas desde su inicio, con una barba en la que no puedes ver ni la más mínima zona sin barba. Luego tiene un pecho velludo, no tiene vellos en la espalda y finalmente sus piernas y brazos son de hombre velludo. Como para volverme loco. Pero tengo que frenarme, es un hombre casado y no nos hemos cruzado más palabras que los rutinarios saludos de cuando coincidimos en las terrazas. Por esta razón, aunque mi deseo sería traerlo a mi casa y darle lengua por todas sus zonas erógenas, me controlo y adopto una actitud respetuosa. Poco a poco fui estableciendo una cordial amistad con Raúl, que así se llama mi vecino. Incluso una noche nos sentamos en el bar en una mesa donde había varias amistades y ese día después de haber tomado varias cervezas, dejé los reparos a un lado y lancé una conversación que a muchos de los que estábamos allí les sorprendió. Comencé a hablar de porque los hombres pueden dar a otros hombre mejores mamadas que las mujeres. Mi argumento se centró en que el homosexual es un hombre y conoce perfectamente cuales son las zonas erógenas de un hombre y por esa razón es capaz de provocar una mayor excitación y placer en el mamado, al extremo que muchos hombres heteros cuando prueban estos placeres no dejan de repetirlos. El tema provocó risas, pero yo había dejado la incertidumbre en Raúl. Continuamos nuestra noche en el bar y pasadas las 12 de la noche, medio que mareados por el alcohol nos fuimos retirando. Así finalmente nos vimos en la calle en dirección a nuestras casas Raúl y yo. Ya sabía que la esposa de Raúl no estaba en la casa y por eso me atreví a hacerle la pregunta a Raúl: ¿Te atreves a comprobar la diferencia entre la mamada que un hombre le da a otro y la que le da su mujer? Mi sorpresa fue el inesperada y Raúl me dijo: Vamos a probar, si algo no me gusta te mando a parar y aquí no ha pasado nada. Al escuchar esto todo mi cuerpo tembló, nunca pensé poder acariciar a semejante macho y casi sin intercambiar una palabra subimos las escaleras y entramos en mi casa. Yo estaba muy nervioso, no quería cometer un error que arruinara esta gran oportunidad. Nos sentamos en el sofá y con mucho cuidado le fui desabrochando la camisa, ahora podía ver su maravilloso pecho de macho por lo que con mucho cuidado se lo fui acariciando. Poco a poco mis manos fueron bajando por su vientre y le acariciaba el ombligo. Empecé a observar que su miembro se estaba poniendo duro, por lo que aproveché la oportunidad para abrir la portañuela y abrir el pantalón. Con mucho cuidado con una de mis manos entré y en lugar de acariciar su polla, lo que acaricié fue su entrepiernas, eso lo puso más caliente y por eso le dije: Ponte cómodo y quítate el pantalón. Raúl no puso el menor reparo y de repente lo tenía recostado en el sofá de mi casa y totalmente desnudo. Me volvía loco su cuello, pero no quería cometer un error que destrozara esta oportunidad y me fui directamente a besarle los huevos y continué dándole lengua. Aquí sus exclamaciones de placer me abrieron el camino a seguir dándole lengua al rabo que ya tenía duro como un palo. Comencé a darle lengua hasta llegar a la misma cabeza a la que le di la primera chupada. Vi como su vientre se estremecía por lo que continué dándole lengua por entre las piernas. Eso lo puso más deseoso y me pidió que se la siguiera chupando. De inmediato lo obedecí, pero esta vez le di varias chupadas seguidas que lo puso como un burro. De nuevo le solté la polla para excitarlo más le fui a dar lengua a su ombligo. De nuevo me pidió que se la siguiera mamando y de nuevo volví a comenzar a chupársela. Pero ahora sentí que las manos de Raúl me sujetaban la cabeza, que ya no podía sacar su polla de mi boca y comencé a darle una mamada con lujuria. Sentía sus exclamaciones de placer hasta que entró un chorro de su leche caliente en mi boca que tuve que tragarme. Le chupé la polla hasta que no le quedaba leche en los huevos y en ese momento Raúl se relajó y mi boca abandonó su polla. Dejé pasar unos segundos, Raúl estaba muy relajado y de nuevo volví a chuparle la polla, como la tenía muy sensible soltó más exclamaciones de placer. Finalmente lo deje tranquilo y se quedó dormido en mi sofá por varios minutos. Cuando despertó lo ayudé a vestirse y antes de que se fuera a su casa le dije que tal vez me había pasado, pero que si eso le disgustaba podíamos seguir como amigos y que esto no volvería a pasar. Raúl sonrió y se marchó. Me quedé con la intriga, si me había pasado, si había abusado del alcohol. Pero me quedaba el placer de haber disfrutado de un tremendo macho. Pero a la mañana siguiente tuve una gran sorpresa. Como a las 10 de la mañana sentí que tocaban con fuerza en la puerta de mi casa y cuando abrí, me llevé la sorpresa de mi vida. Era Raúl, traía la camisa abierta, podía ver de nuevo su hermoso pecho desnudo. Solo me dijo: No se si lo que pasó fue un sueño o una realidad, pero necesito hablar contigo, porque no estoy seguro de que me haya gustado que un macho me haya dado tanta lengua a mi polla. Por eso necesito repetir para poder decir si me gustó o no. Entró en mi casa y al cerrar la puerta fui hacia él y comencé a acariciar su hermoso pecho. Ahora lo hacía con la confianza de que él lo quería y por eso pude concentrarme más en darle el mayor placer. No le terminé de quitar la camisa, como la tenía abierta comencé a acariciarle su pecho velludo, jugueteaba con sus tetillas mientras con mi lengua me acerqué a su cuello y se lo lamí. Mientras le desabroché el pantalón, venía sin calzoncillos y poco a poco su pantalón de iba deslizando por sus piernas y su rabo quedaba al aire libre. Lo tenía duro, estaba como una moto y en medio de las caricias lo fui conduciendo hacia mi habitación y ahí fue cuando lo dejé totalmente desnudo. En ese momento él me dijo: ¿Por que eres tan mal educado conmigo? Me has dejado desnudo y no te has quitado ninguna de tu ropa y comenzó a desnudarme. Luego nos metimos en la cama y comencé a darle lengua por sus partes más sensibles de la forma más lujuriosa posible. Lo primero que hice fue darle un par de besos a sus huevos y ahí comencé a darle lengua a los huevos y a sus entrepiernas. Sentía sus exclamaciones de placer y pronto tuve la cabeza de su polla en mi boca y le di la primera chupada. Solté la cabeza de su polla y me fui a darle lengua a su ombligo. Su olor a macho me enloquecía. Cuando volví a chuparle la polla le di varias chupadas que él agradeció con mucho placer pero cuando intenté soltarla no pude. Con sus piernas me retenía la cabeza y la polla quedaba dentro de mi boca y no pude hace otra cosa que seguir chupándosela hasta llevarlo al orgasmo y tragarme por segunda vez su leche. Repetí el segundo ataque cuando él se relajó y se volvió a estremecer de placer. Se quedó medio dormido y al poco rato me invitó a bañarnos. Salimos de la cama, nos fuimos a la ducha y comenzamos a enjabonarnos el uno al otro. Me sorprendí cuando sentí que su polla se estaba endureciendo y en ese momento pasó sus manos enjabonadas por mis nalgas, sentí como me metía sus dedos por el culo y pronto la cabeza de su polla la presentó y entro dentro de mi culo con lujuria. De esa forma sorpresiva me empezó a follar, mientras abrió la llave de la ducha y nos fuimos enjuagando, pero me seguía clavando. Nos secamos como pudimos y sin darme tregua me llevó a la cama de nuevo y ahí supe la clase de macho con la que había chocado. Con saliva me fue lubricando el culo. Me puso en el borde de la cama, me sacaba la polla completamente la ensalivaba y de nuevo me la metía hasta el tope. Eso lo repitió varias veces. Cada vez sentía que su polla me entraba más fácilmente y de repente ya no me ensalivó más y comenzó a solo meterme la cabeza de su tremenda polla unos centímetros, lo hacía de forma repetida y yo comencé a sentir un placer especial. Cada cierto tiempo me sacaba la polla completamente y me la metía de golpe hasta el mismo tope. Me estaba dando una follada salvaje. Los dos sudábamos copiosamente. Entonces me cambió de posición y me puso boca abajo, sentí como sus piernas abrían las mías y pronto entró con su polla en mi culo de forma lujuriosa. El ritmo de sus embestidas se elevó y lo único que me dijo fue: ábrele bien las patas a tu macho. Nunca me habían follado de esa forma, cada varias embestidas sacaba su polla completamente de mi culo y me volvía a penetrar al tope. Lo único que yo podía hacer era lamerle las manos. Esta follada duró mucho tiempo, como yo anteriormente se la había mamado y lo había llevado al orgasmo, pues ahora tardaría más tiempo en volver a correrse, lo que hacía interminable la follada que me estaba dando. Hubo un momento que no pude más y empecé a correrme, él se percató y elevó el ritmo de sus embestidas y yo empecé a sentir sus expresiones de placer al correrse de nuevo. Me dejó extenuado, cuando nos recuperamos volvimos a la ducha y después de secarnos nos sentamos a conversar en la sala. Me dijo que le había gustado mucho mis mamadas y que a él le encantaba dar por el culo y que por esa razón quería tener derechos exclusivos para que esas dos cosas yo las hiciera solo con él. Me pareció una locura, pues él vivía con su esposa en el apartamento de al lado al mío. Su respuesta fue corta, estoy cansado de mi esposa, cuando la pongo a mamar lo hace como si le diera asco y no con la lujuria que tu lo haces. Me gusta coger el culo, pero eso es otro problema con ella, mientras que a ti no te queda más remedio de aguantar la enculada que a mi me gusta dar. Me estoy divorciando de ella y en ti he encontrado todo el placer que deseo. No voy a permitir que te me escapes!  
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