Autor: Gabonice

 
 
 
 
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Los relatos eróticos más calientes.

Los caminos del señor son inescrutables.

  Esta historia viene a mi memoria de repente. Es una cosa extraña la forma en que funciona nuestro cerebro. Pasan las cosas y pasa el tiempo. Las cosas pasadas con el tiempo caen en el olvido, parece que se han borrado, sin embargo están ahí en algún lugar recóndito, como guardadas y en un momento las recordamos con tantos detalles que uno se sorprende de que unos instantes antes estuvieran olvidadas.

Recuerdo, que allá por los años ochenta, de tanto perseguir la religión en nuestro país (Cuba) y de tanto gritarnos por la tele, la radio y la prensa de que la rueda de la historia nunca va a girar para atrás, de que las creencias religiosas eran producto del pasado capitalista, la gente empezó a esconderlas y la asistencia a las iglesias disminuyó de forma penosa tanto que se empezaron a dar situaciones como la que les voy a contar.

Sucedió en un pequeño pueblo olvidado, de esos que se van desmoronando poco a poco, con casas faltas de pintura, calles llenas de huecos, parques que las yerbas se apoderaron de ellos y perros que hacen sus necesidades en las aceras medio destruidas, donde había una iglesia también maltratada por el tiempo y el abandono, donde un anciano sacerdote persistía en continuar predicando la palabra del señor. El pobre anciano dabas sus misas sin feligreses y cuando salía a dar un paseo por aquellas ruinas siempre se encontraba con algunos niños que hasta piedras le lanzaban.

Pero un día la Iglesia Católica comenzó a tratar de resurgir de sus ruinas y empezó a trabajar por cambiar aquella situación. Le llegó la jubilación al sacerdote anciano y en su lugar enviaron a aquel pueblo perdido a un nuevo sacerdote. Parece que fue elegido con toda intención para dar un cambio brusco a esa penosa situación. El nuevo sacerdote resultó ser un apuesto joven recién salido del seminario. El chico no estaba chapado para nada a la antigua. Lucía una cuidada corta barba negra que hacía que sus ojos claros resaltaran en su rostro como dos soles para brindar una mirada inteligente y profunda que le daba un hermoso atractivo masculino que adornaba siempre con una sonrisa natural de complicidad. Usaba la vestimenta de sacerdote solo en las misas, luego se vestía con sus modernos vaqueros y una camisa de magas cortas que le permitía lucir unos hermosos brazos velludos de hombre. Tenía un moderno coche azul con el que pretendía ir a buscar a los ancianos que no podían venir a recibir sus misas.

En el pueblo olvidado comenzó a vivirse un verdadero alboroto, entre las chicas, el tema del día a día era el cotilleo sobre lo bueno que estaba el nuevo cura e incluso, algunas jóvenes que jamás habían pisado la iglesia entraban con timidez y curiosidad para poder confirmar la nueva noticia del pueblo. Y el Padre Javier, como así se llama el sacerdote, continuaba su trabajo de modernizar la iglesia. Consiguió los mejores instrumentos musicales que jamás se habían visto en aquel pueblo y formó un grupo musical para acompañar al nuevo coro que no estaba integrado esta vez con viejas beatas, sino por jóvenes que venían a gusto a interpretar las modernizadas canciones religiosas y a suspirar cuando veían al Padre Javier, hasta los músicos fueron jóvenes del pueblo que aprendieron a usar los instrumentos bajo la dirección del párroco. Les comento que no solo las chicas suspiraban en los sermones del joven padre, también a los chicos les resultaba atractivo, ¡vamos que el tío era para todos los gustos!. Tanto era el acoso que sufría el joven sacerdote que empezó a correr de boca en boca leyendas urbanas de gente que había logrado llevarse a la cama a lo que constituía un verdadero símbolo sexual de aquel pueblo y lo que es más se decía que aquel hombre, cuando era arrastrado por las conductas pecadoras tenía un apetito sexual insaciable, había incluso leyendas que relataban que el Padre Javier estaba bien dotado con un aparato que hacía funcionar como un cañón.

Pasaron los años y las leyendas se quedaron en eso: Leyendas. El Padre Javier continuó madurando, cada vez era un hombre más apetecible. La iglesia se llenaba en cada misa hasta la bandera y había viejas chismosas que encontraban parecido al Padre Javier, en muchos niños que jugaban en el parque frente a la Iglesia. Pero historias probadas no había ninguna hasta que sucedió esta que les voy a contar de primera mano y que me he demorado mucho tiempo en decidirme a publicar. Lo hago porque en estos días entré en internet y me encontré una nueva página de contactos gay (se las voy a dar para que confirmen que lo que digo es cierto: www.manwithmen.com lo mejor que tiene este nuevo sitio es que todos sus servicios son gratuitos y está enlazado a otra página de relatos eróticos) y allí estaba el Padre Javier.

Pues resulta que mi madre, una de las feligresas de este pueblo ya no tan olvidado, en una de sus tradicionales confesiones con el Padre Javier, le dijo que estaba muy preocupada con su hijo Manuel (yo), el chico tenían una actitud brillante ante el estudio, era un ejemplo de obediencia en el hogar, pero pasaban los años y los años, ya era mayor de edad, pronto entraría a estudiar en la Universidad y no le conocía ninguna novia ni amiga, ni hacía por la labor. Solo tenía amigos y además de los estudios solo le apasionaba el fútbol, y lo que más le preocupaba a la señora, eran los abrazos y besos que se daban en el campo aquellos chicos cuando alguno hacía un gol. Y ahora, cuando se fuera a estudiar a la Universidad, viviría en casa de una pariente en la capital y ella tenía serios temores de que Manuel se desviara del buen camino.

El Padre Javier escuchó con atención las preocupaciones de mi madre, trató de quitarle carga a sus ideas y prometió hablar conmigo y orientarme por el camino del bien. Y así fue, en la próxima ocasión que fui al templo el Padre me llamó y sostuvimos una amigable e interesante conversación. El Padre, se interesó sobre mis futuros estudios en la Universidad, sobre la agitada vida de la capital y sobre mis relaciones con chicas, pues ya era hora que dedicara algún tiempo a ir buscando mi media naranja. Porque los que te conocen pueden pensar hasta que tienes inclinaciones por las personas de tu propio sexo. Aquellas últimas palabras del Padre Javier fueron pronunciadas en medio de una profunda mirada a mis ojos lo que me puso de inmediato muy nervioso, torpemente negaba mi atracción por los hombres y un sudor indiscreto se apoderó de todo mi cuerpo, sentía que las manos me temblaban, que mi nerviosismo me delataba, tenía deseos de salir corriendo. Mi negación al Padre fue más una afirmación que otra cosa. El sacerdote quedó convencido que mi madre tenía toda la razón y temió que su conversación conmigo pudiera tener consecuencias fatales, pues podía haberme sentido descubierto de algo que yo creía mantener en secreto y a lo que le temía. Por eso trató de retenerme para conversar más sobre el asunto y de ser confirmadas las sospechas, ayudarme a caminar por la verdadera vía. Me pidió que me sentara en un banco de la Iglesia para escuchar la misa y que luego quería continuar conversando más detenidamente conmigo.

Al final de la misa, el Padre se me acercó y tratando de restarle importancia a mi nerviosismo continuó su conversación sobre otros temas y cuando pudo observar que estaba más tranquilo me despidió garantizándome que fuera cual fuera mi destino en él siempre encontraría todo el apoyo para que las cosas me fueran de la mejor manera.

Pasaron varios días y una mañana me encontré con el Padre en la calle, charlamos animadamente como si la homosexualidad nunca hubiera sido tema de conversación, tomamos un café en un bar y luego seguimos caminando rumbo a la Iglesia. Ya más tarde el Padre me dijo que tenía que cambiarse de ropa pues pronto tendría que oficiar la misa y así llegamos al aposento del sacerdote, entré con él y el Padre me invitó a que me entretuviera un rato con su ordenador mientras él se daba una ducha y se vestía para la misa.

El Padre se fue desvistiendo, dejó su ropa sobre la cama y desnudo se fue caminando para la ducha, yo me fui poniendo nervioso, en su camino trataba de concentrarme en el ordenador, pero mi vista se escapaba para ver la imagen de aquel macho desnudo a través de un espejo. Un calor me fue subiendo por todo el cuerpo, la imagen de aquel macho velludo y hermoso me sacaba de mis casillas. Pero tenía que controlar mis deseos, aquel hombre era sagrado para mi. Pero mis ojos me traicionaban y pensando que no era observado continué mirando como aquel hombre se duchaba, veía como su cuerpo velludo hacía abundante espuma e incluso mis ojos se dirigieron a mirar aquella famosa polla de la que tanto había oído hablar, me pareció incluso que se estaba empalmando, finalmente cuando el Padre Javier comenzó a aclararse la enjabonadura decidí interrumpir mi observación para no ser pillado en mi espionaje. En ese momento escuché a Javier lamentarse de haber olvidado la toalla y me pidió que se la trajera y ahora lo tenía desnudo y mojado frente a mi, deba deseo de darle lengua por todas partes. Javier empezó a secarse con parsimonia mientras continuaba dándome conversación que yo no atinaba a entender, esa mirada a mis ojos me ponían muy nervioso, solo podía admirar a aquel macho desnudo frente a mi.

De pronto solo escuché: ¿Te gusto? No pude articular palabra, el Padre se fue en busca de su ropa y se vistió y antes de salir de su aposento me dijo, mira, esto no puede ser, por favor, mientras esté dando la misa quédate aquí rezando de rodillas por la salvación de tu alma y se retiró hacia su trabajo.

Pasaron un par de horas y continué cumpliendo la penitencia y pensando en Javier, cuando de pronto sentí la puerta abrirse y lo vi entrar. El Padre no dijo ni una sola palabra, se quitó los hábitos y se quedó con el cuerpo desnudo de la cintura para arriba, sentí que me miraba con los deseos de un macho hambriento que iba por su presa. Luego se me acercó y puso una mano sobre mi hombro, sentí el calor de la mano del hombre, allí estuvo unos minutos hasta que continuó acariciándome la cabeza. A Javier la polla se le quería reventar, continuaba sus caricias mientras yo tenía ante mis ojos aquel pecho velludo y ahora quien sudaba nervioso era él, acercó con sus manos mi cabeza hasta hacerla rozar con su polla que sentí dura debajo del pantalón. Sus manos con fuerza sujetaban mi cabeza mientras yo besaba a su polla por encima de la tela. De pronto el cura se abrió la bragueta y ahora su polla babeante de macho estaba dura como un palo, con unas venas gordas que le daban vida y la hacían crecer constantemente. Mi cabeza se restregada a la polla de Javier quien la sujetaba con fuerza, le daba besos hasta que por fin con mi legua empecé a saborear las goticas de líquido que la estaban bañando y finalmente me la introduje en la boca. Javier resoplaba de placer, mientras comencé una mamada interminable. De repente me dijo: si vamos a pecar vamos a hacerlo bien. No sabes mamar y te voy a enseñar a hacerlo como a mi me gusta.

Aquellas palabras me electrocutaron, me llenaron de morbo y él me dijo: Mira, todo el trozo de polla que no estás mamando, tienes que hacer un esfuerzo y metertela completa en la boca. Yo le dije: pero es muy grande, no me va a caber. Y él me respondió: Vamos, has un esfuerzo que yo te voy a ayudar. Ahí sentí sus manos en mi cabeza, me acariciaban con cariño pero cuando con firmeza avanzó su polla dentro de mi boca me percaté que tendría que tragármela hasta satisfacer sus deseos. Mientras me la empujaba me decía: Vamos, haz un esfuerzo, no puedes desperdiciar ni un pedazo. Sentí que aquella polla me llenaba la boca, que me iba a atragantar, se me salían las lágrimas, pero Javier no me daba tregua y me decía: Vamos, traga, que esta polla va a ser para ti. Cuando su polla entraba a mi boca, sentía que chocaba con mi garganta, me daban arqueadas y solo escuchaba: vamos, ahora mama con glotonería, a mi me la tienes que mamar bien. Ves como vas aprendiendo, ahora si estás mamando bien y seguía hasta que sentí como aquel trozo de aparato estaba todo dentro de mi boca, sus vellos de la base los sentía con mis labios, su base era la parte más gruesa y cuando la tenía adentro totalmente me decía: vamos mama bien si quieres que te la saque para que puedas tomar un poco de aire. Sudaba, me daban arqueadas, se me saltaban las lágrimas, pero Javier me hacía seguir mamando.

Luego me decía: Vamos tomate un descanso, toma aire y luego de nuevo volvía a la carga diciéndome: Ya te recuperaste, ahora vuelve a mamar y trágatela tu solo. Como me era imposible sentía que sus manos me sujetaban la cabeza y de nuevo me obligaba a tragármela en medio de mis arqueadas y lágrimas. Sentía como su polla jugueteaba con mi campanilla y de nuevo lo escuchaba como entre risas y exclamaciones de placer me decía: ¿Qué pensabas? ¿Qué mamar una polla era una cosa fácil? Y de nuevo cuando la tenía completa en la boca me volvía a exigir que la mamara con glotonería.

De pronto, Javier paró la mamada, estaba como enloquecido, se despojó de las ropas que le quedaban puesta y con gestos me indicó que hiciera los mismo. Obedecía lleno de lujuria y en unos instantes estábamos los dos desnudos en la cama. Javier no dejaba de acariciarme, me besaba en la boca, su lengua entraba y jugueteaba con la mía, continuó por el cuello, me retorcía de placer, mi corazón palpitaba con fuerza, la lengua de Javier saboreaba mi piel, mis pezones, mi ombligo, me chupó los huevos y finalmente comenzó a lamerme el culo, sentí que me estaba enloqueciendo. Ambos estábamos desquiciados, yo sentía como que estaba al borde de explotar, estábamos como desesperados, yo quería pegar toda mi piel a la suya, él era como un macho en celo deseoso de disfrutar mi virginidad, yo deseaba conocer todo lo que puede hacer sentir un macho a otro. Sabía que pronto iba a conocer lo que era la penetración de un macho, estaba aterrado cuando pensaba en el tamaño de su polla, pero lo deseaba con pasión, quería entregarme a él.

Ahora me tenía boca abajo en la cama mientras continuaba chupándome el culo lo que me estremecía por sus lenguetazos y las cosquilla que me producía las incadas de su barba. Sentí que me quedaba sin fuerzas, que mi mente quedaba en blanco cuando me percaté que ahora no era la lengua lo que jugueteaba con mi culo, ahora era la polla de Javier la que estaba en mi culo ensalivado, traté de escapar, pero eso fue solo unos segundos porque pronto sentí como sus fuertes manos sujetaban mi cintura, mientras su polla entraba impiadosa por mi culo virgen. Ante mis quejidos y lamentaciones solo escuchaba la voz de Javier que decía: Ya, ya mi niño, ya está adentro, relájate para que no te duela y disfrutes, me decía ante mis lamentos mientras sonreía con morbo.

Por unos segundos sentí la invasión de aquel macho que se mantenía sin moverse dentro de mi para que me acostumbrara a su polla sin darme la menor posibilidad de escapar. En ese momento Javier me dijo: mira, ahora tu culo es mío, lo voy disfrutar a plenitud, ¿Ves, Como los caminos del señor son inescrutables?

Cuando le salió de sus cojones, empezaron sus embestidas, primero fue muy delicadamente. Me sacaba su polla poco a poco con lentitud y cuando estaba casi afuera volvía a entrar suavemente, pero hasta el final, hasta que sentía como sus huevos rozaban mis nalgas, aquello nunca lo había sentido en la vida. Mi corazón latía precipitadamente. Luego el ritmo se fue incrementando poco a poco, cada vez era mayor. Yo estaba muy nervioso, ambos sudábamos copiosamente, nuestros sudores se mezclaban, pero lo único que podía hacer era besar las manos de Javier y dejarlo que siguiera gozando mi maltrecho culo.

Comencé a sentir que estaba al borde de correrme, se lo dije pero el me exigía que aguantara, que todavía no me había puesto el culo como el quería. Con todas sus fuerzas traté de aguantar la leche que se me salía cada vez que la polla de Javier entraba hasta lo más profundo de mis entrañas. De pronto el ritmo de las embestidas alcanzó el máximo posible, su polla entraba y salía de mi culo a una velocidad escalofriante, con fuerza apretaba mi cintura cuando empecé a sentir las exclamaciones de placer de Javier al mismo tiempo que sentía como entraban los chorros de leche caliente en mi culo. Mientras Javier se corría me mordía la piel de mi cabeza, sentí el placer de correrme y como aquella ferocidad del macho se fue convirtiendo de nuevo en el hombre cariñoso que me besaba y acariciaba todo bañado de sudor. Se veía totalmente agotado.

Así nos quedamos dormidos los dos en un fuerte abrazo, por un tiempo que a los dos se nos fue de la mano. Pero la polla de Javier quedó dentro de mi hasta que nos despertamos. En ese momento sentí que su polla comenzaba a endurecerse. Yo no tenía más deseos de follar, estaba cansado y el culo me ardía. Cuando me dio la primera embestida me lo sentí en el alma, las primeras embestidas me ardían mucho. Traté de escapar, pero me fue imposible, me tenía bien atrabancado, pronto me percaté que no tenía escapatoria, que me iba a volver a follar. Entonces vinieron mis súplicas, pero de nada valían, él seguía imperturbable comenzándome a follar de nuevo. Solo escuché bajito sus susurros en mi oído: ¿Cómo te vas a perder este polvo? ¡Este es el bueno! ¡Ahora vas a ver como te deja el culo un macho! En cada embestida de Javier sentía que se me iba la vida, de nuevo sentí el sudor de aquel macho sobre mi y pronto empecé a sentir de nuevo placer cuando su polla me penetraba.

Cuando él se percató de que estaba gozando su polla entonces me la sacó completamente y comenzó el juego de encontrar el culo de nuevo, yo traté con mis manos de dirigirle la polla hasta la entrada de mi culo, pero él me lo impidió diciéndome que dejara que mi culo y su polla encontrarse. Cuando su polla dio con de la entrada de mi orificio con fuerza entró completa y todo mi cuerpo se estremeció. Me daba dos o tres embestidas y de nuevo la sacaba completamente para empezar la búsqueda de mi ojete de nuevo. Aquello me estaba enloqueciendo, me aterraba, pero me percataba que mientras más aterrado estaba yo, él disfrutaba más. En una ocasión su polla no encontraba la entrada de mi culo, presionó con tal fuerza que me dolió mucho y cuando encontró la entrada lo hizo de una forma tan violenta que solté un grito.

Entonces me la sacó completa y me cambio de posición, me puso en la cama boca arriba, debajo de mi cintura puso una almohada y presentó su polla a la entrada de mi culo, sus brazos se apoyaron en la cama de forma que los míos solo podía abrazar su espalda, ahora lo podía ver de frente y continuó el juego de encontrar mi culo, ahora podía ver su sonrisa de placer cada vez que me penetraba, acallaba mis gemidos con besos en la boca mientras me daba unas cuantas embestidas. Comencé a protestar, le dije que era un abusador y solo me dijo: ¿Tu no querías macho, coño? Pues toma macho y aguanta como un buen cabrón.

Como sus huevos estaban vacíos de leche aquel polvo parecía interminable. El ritmo de las embestidas era brutal, sentía que mi culo me ardía, mis piernas temblaban, pero Javier continuaba gozando hasta que por fin sentí sus exclamaciones de placer y sus contracciones musculares me anunciaban que de nuevo estaba eyaculándo dentro de mi. Y de nuevo sus músculos se volvieron a relajar, pero su polla me la volvió a dejar dentro de nuevo. Yo estaba muy nervioso, temía que quisiera volverme a follar, aunque no me lo podía creer, había oído bastante hablar del apetito sexual de Javier, pues tenía que estar tan agotado como yo. Al final sentí como me la sacaba y me daba un largo y tierno beso en la boca y aquello me trajo el alma al cuerpo, pensé que al final esto, gracias a Dios, había terminado.

Nos besamos, nos acariciamos y él me propuso darnos un baño antes de vestirnos. Entramos los dos en la ducha, cuando caminé hacia la ducha me sentí muy extraño, caminaba con mi culo adolorido, comenzamos a enjabonarnos el uno al otro. Sus manos enjabonadas jugueteaban con mis nalgas, introducía sus dedos enjabonados en mi culo y pude observar que de nuevo tenía su polla empalmada. Empezó a juguetear con su polla entre mis piernas y de pronto sentí como de nuevo me penetraba. Esta vez el jabón hacía de lubricante y entraba con tal facilidad que me estaba enloqueciendo. En esta ocasión estuvo más de media hora dándome caña, me mandó a poner un pie en el borde de la bañera y ahora sentía como aquella polla me entraba descomunalmente hasta que por fin se corrió, nos aclaramos la enjabonadura con agua y nos secamos con la misma toalla. Finalmente nos dimos un profundo beso y nos despedimos.

Antes de marcharme me dijo. Espero que el señor nos perdone por nuestros pecados. Te espero mañana por la noche.

Amén.
 
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